Todo empezó en el año 2008, con la vieja F100, repartiendo donaciones Casa por Casa, sin tener mucho conocimiento, pero tomando contacto con la gente de forma directa. A partir de ahí, crecimos de manera formidable, llegando a ser todo lo que somos hoy.

Pero más allá del crecimiento exponencial que tuvo La Chata Solidaria a lo largo de estos años, jamás dejamos de llegar con las donaciones Casa por Casa. Incluso a pesar de haber recibido críticas de todo tipo.

Es cierto que el Casa por Casa es sólo un alivio y dista mucho de ser una solución a largo plazo. No es “sustentable”… palabra de moda que muchos emplean pero que muy pocos hacen realidad.

¿Pero saben qué? El Casa por Casa en El Impenetrable, dónde hay gente viviendo aislada de la civilización, no debe medirse en como sustentable o no sustentable, porque para que algo sea sustentable debe existir un mínimo de humanidad. Alguien que no come ni toma agua,que ve a sus hijos pasar hambre y no tiene nada para darles, no puede pensar en otra cosa más que en comer. Pensar en enseñarle a plantar tomates a alguien que hace cuatro días que no come, escapa a cualquier lógica. Porque para eso, primero debe tener un mínimo de alimento y de agua, y después –en todo caso– se avanza con el resto.

Para los proyectos sustentables a largo plazo La Chata Solidaria desarrolla otras cosas como los Jardines de Infantes y la Atención de Comunidades en escuelas, además de unas ideas extraordinarias en las que estamos trabajando y que pronto se van a enterar.

Pero hay otro tema que es aún mucho más duro. Esta gente, más allá de sus carencias físicas, se siente abandonada por el mundo. Olvidados. Condenados a la soledad mas aberrante que un humano pueda sentir.

Estas son algunas de las frases que escuchamos en cada viaje a El Impenetrable:

A estas personas, cuando uno las abraza, se estremecen. Porque ese abrazo les da entidad humana. Cuando llegás y hablás con ellos, te invitan a pasar a su rancho de adobe y techo de vinchucas (si, vinchucas con paja), y te ofrecen sentarte (generalmente en un tronco) dónde solo quieren hablar y esperan que te quedes. Necesitan vomitar soledad y sentir que tienen a alguien.

Para esta gente, esos 30 minutos que nos quedamos, en muchos casos son los mejores 30 minutos de sus vidas. No por lo que les dejamos, o por la atención médica primaria que les brindamos, sino porque dejan de sentirse olvidados. El Casa por Casa genera un contacto devastador con la gente que más necesita ser abrazada, mirada, escuchada, mimada…

Lean estas anécdotas del Casa por Casa:

  1. En una de las casas a las que llegamos con la R70, había una pareja de viejitos y un señor de unos 45 años que era el hijo. Por favor, entiendan que mucha gente no sabe cuántos años tiene y en algunos casos, ni siquiera recuerda su nombre. La médica clínica de La Chata Solidaria comenzó a revisarlos. El señor estaba tan flaco que tenía el pecho hundido, podías verle el alma… La salud de ambos era realmente débil. El hijo se dedicaba a hacer postes (cortar árboles con el hacha), una tarea devastadora que realizan por sólo $600.-, y se había caído hace 2 años de un árbol. “De vez en cuando me duele atrás y se me duermen las piernas”, le comentó el joven a la Doctora. Cuando fue revisado por la profesional de La Chata Solidaria, cayó en la cuenta que tenía la columna 1 cm. metida para adentro. ¡Es un milagro que camine! Un caso a todas luces increíble. Esa pareja de viejitos estaba librada a la buena de Dios y cuando llegamos no sonreían. Luego de atenderlos y haber estado con ellos, nos reímos y hacían chistes, porque la Doctoral de La Chata Solidaria les dejó pastillas para la presión y bromeaban que se las iban a intercambiar. Verlos sonreir vale cualquier cosa. Al irnos no tenían palabras para agradecernos.

El Casa por Casa, más allá de su “eficacia” concreta es indispensable. Tenemos quehacerlo y no hay que medirlo en “lo que le dejamos o lo que los curamos”. Hay que medirlo en alma. Para alguien que esta abandonado, que no tiene vecinos, que venga alguien de pronto y comparta 30 minutos con él, es el mejor mimo al alma que pueda tener. Si además, se lo atiende y se le deja mercadería, mejor todavía.

¿Pero saben qué? El mimo al alma no se cuantifica, ni se mide en materia de “sustentabilidad.”

Se mide con el corazón. Por eso, el Casa por Casa, no admite discusión.