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diciembre 24, 2019

¡Cuatro obras y vamos por más! Construímos un Jardín de Infantes en el paraje El Quebracho.

Con el equipo de La Chata Solidaria ya habíamos construído tres obras:

  • La primera, un dormitorio en el paraje Ojo de Agua, que hicimos con casi nula idea; pero a pesar de eso, lo terminamos y sigue en pie… ¡intacto!
  • La segunda, un Salón de Usos Múltiples (SUM) en la escuela del paraje Ojo de Agua. En esta oportunidad ya fuimos con gente que sabía construir y lo hicimos en tiempo récord, a pesar de sus dimensiones.
  • La tercera, el primer Jardín de Infantes –también en el paraje Ojo de Agua– que, con Marcelo “el Cóndor” Bresci dirigiendo la obra –una persona gigante por su humildad, que sabe de lo suyo, y que además sabe comunicarse con la gente–, también se levantó en tiempo récord e incluso con niveles de terminación realmente excelentes.

Como verán, con el tiempo fuimos aprendiendo y las obras se hacen cada vez más rápido, con costos cada vez más bajos y siempre, pero siempre, con la máxima calidad posible.

LA CHATA SOLIDARIA NO CONSTRUYE DE MADERA EN EL IMPENETRABLE. CONSTRUÍMOS CON MATERIALES NOBLES Y DURADEROS. Techos con chapa y aislante térmico para reducir el calor, y cielorraso de machimbre así no se mete la vinchuca. Paredes de ladrillo con revoque fino –adentro y afuera– para que tampoco se meta la vinchuca, y para que luego cuando se pinte (hay que esperar 60 días que salga la humedad) quede bien parejito y lindo. Las aberturas son de PVC con doble vidrio de seguridad y manijas que no se rompen. El piso es de mármol.

Hasta aquí, todas las obras habían sido realizadas en el paraje Ojo de Agua. Esto se debe a que la comunidad responde al 100%, involucrándose de lleno en cualquier iniciativa. Y cuando hay que construir, no menos de 20 personas ponen el hombro.

En Ojo de Agua somos locales. De hecho, el dormitorio –que fue nuestra primera obra–, la guió Ramón, un veterano del paraje que sabe de construcción (junto a Claudio y Marcelo) y nos enseño bastante. En esa obra, Elder –otro de los históricos del paraje– aprendió a construir y, con esa sabiduría,

  • Construyó él mismo su casa de ladrillos;
  • Hizo varias reparaciones al colegio;
  • Construyó habitaciones y techados en varias casa del paraje;
  • Hizo una casita en Monte Quemado;
  • Hizo refacciones en el pueblo, en casa de particulares.

Ahora bien, en este último viaje ibamos a construir un Jardín de Infantes en otro paraje, El Quebracho, distante a 300 kilómetros –por la selva– de Ojo de Agua. De ahí que en las reuniones previas al viaje, decidimos por primera vez un hito para nosotros que refleja un enorme crecimiento como organización: nos íbamos a separar en dos grupos autónomos, sin contacto entre sí.

El grupo A entraría por el norte, con una sola Ford Ranger 2.2 XL con tacos de barro, y el equipo completo de obra con las herramientas, materiales, etc. Por supuesto que este equipo requería de gente experimentada, no sólo en lo relacionado a la construcción, sino también con un amplio conocimiento de El Impenetrable. Así fue como un equipo comandado por Claudio “Pipi” Albornoz, Marcelo “el Cóndor” Bresci, Marcelo Corpucci y Marcelo Rodriguez, fue el encargado de esta tremenda acción.

Este equipo tenía como único objetivo terminar el Jardín de Infantes –como sea y a cualquier costo–entre el lunes y el viernes. No importaba cómo, era ahora o nunca. 

¿Por qué “ahora o nunca”? Porque todas las obras anteriores se hicieron sin parar en máximo 8 días. Pero esta obra venía terriblemente complicada. Cuando fuimos en mayo, llovieron 550 mm. y entramos igual, con las dos Rangers, viviendo literalmente un “infierno de barro”  durante 3 días. Cargamos 12.000 kilos de materiales en las dos Rangers, hicimos 3 viajes transportando 2000 kilos de materiales en cada una –con el barro hasta el techo–. Nos caímos a la zanja unas 8 veces y rescatamos a gente que estaba tirada en el camino sin poder salir. Ese viaje fue salvaje, no hay otra forma de describirlo. Pero logramos dejar las todos los materiales en el colegio, marcar la obra, y dejarle dinero en efectivo al maestro del momento junto con los planos para guiar a las personas del paraje que se habían comprometido a trabajar para construir el Jardín.

Lamentablemente, desde mayo a diciembre pasaron cosas muy feas… El maestro del paraje se fue y vino otro, parte de los materiales se echó a perder, otra parte “desapareció”, la gente que se había comprometido también “desapareció” y algunas cosas más… .

Y como si todo esto fuera poco, cuando en julio iban a comenzar la obra, surgió una traba burocrática que motivó que mientras estábamos en Ojo de Agua atendiendo a las personas con los médicos, un equipo de La Chata Solidaria, hiciera un viaje relámpago a Nueva Pompeya con la Ford R70, para luego continuar hasta el paraje El Quebracho donde visitaron a una persona que finalmente solucionó el tema. Cuando decimos “relámpago” nos referimos a que este equipo de La Chata Solidaria recorrió 580 kms en el medio de la selva en sólo 8 horas, con 2 reuniones incluídas.

Pero aún así, la construcción del Jardín no arrancaba. Estaba trabado.

La Chata Solidaria había cumplido: las cosas habían llegado a sangre y fuego, le habíamos dejado el dinero a la autoridad –esta firmado y filmado el acto dónde se entrega–, habíamos dejado los planos y mucho más. Es decir, habíamos cumplido nuestra palabra con ustedes. Sólo que la lluvia nos había evitado terminar la obra. La Chata Solidaria había cumplido pero el Jardín no estaba terminado.

Acá es dónde aparece nuestro slogan: “nosotros no nos rendimos nunca”.

Mariana Chemes, encargada del Departamento de Logística de La Chata Solidaria, durante 5 meses se comunicó por SMS con gente de su máxima confianza en parajes cercanos a una antena que iban a ver lo que sucedía. Ella logró armar otro grupo de gente voluntaria, conseguir los materiales que faltaban, enviar el dinero para pagarlos y hasta conseguir un tractor que los lleve hasta el paraje. Y lo hizo desde Buenos Aires por mensaje de texto. Mariana no se rinde nunca.

Así fue como Mariana logró que para el día en que llegamos a el paraje El Quebracho, las bases estuvieran hechas y las paredes apenas empezadas a levantar.

En sólo cinco días, el equipo de La Chata Solidaria asignado a esta obra con la ayuda de  nuevos voluntarios de la zona, trabajando sin parar, con 50 grados bajo los rayos del sol, y con jornadas de 16 horas, lograron terminar el Jardín, usando toda la inventiva de La Chata Solidaria, ya que el primer día se rompió el trompo hormigonero obligándolos a hacer las mezclas a la antigua y, al carecer de andamios, los armaron con una cama prestada. La Chata Solidaria no se rinde nunca.

En síntesis:

  • Es nuestra cuarta obra;
  • La hicimos en un lugar desconocido;
  • Tuvimos miles de contratiempos… ¡miles!
  • Seguimos el tema durante meses desde Buenos Aires;
  • Tuvimos que poner casi el 50% más de dinero del previsto;
  • Tuvimos que desdoblar el equipo en dos;
  • Tuvimos que laburar a destajo para terminar el Jardín.

Pero…

Tenemos terminada nuestra cuarta obra en El Impenetrable. Es el segundo Jardin de Infantes que construímos en medio de la selva. Y podemos decir –con gran orgullo–, por lo que investigamos, que La Chata Solidaria es la ONG que más obras de infraestructura construyo en El Impenetrable en los últimos 12 años. Y siempre con calidad hijo.

Porque contamos con un equipo de gente extraordinario. Porque tenemos chatas extraordinarias. Porque tenemos el combustible de YPF. Y porque por sobre todas las cosas… tenemos palabra.

NOSOTROS NO NOS RENDIMOS NUNCA, Y NUNCA ESPEREN POCO DE NOSOTROS.

Y prepárense para 2020…

Agradecimientos:

Fensterhaus x todas las aberturas.

Exgadet SA (Ricardo y Matías Simoni) que colaboró con combustible.

Victor Materia que, como hace 10 años, colabora con mercadería y combustible.

Megatrans y Martínez y de la Fuente con el techo completo del Jardín.

Castro y Rojas materiales (Matías Rojas) con el resto de los materiales con que se hizo el Jardín, Calello Hermanos con el piso de mármol.

Y a Jaime e Isabel, que viven en El Impenetrable. Sin ellos no hubiésemos podido hacerlo. Ellos jamás podrán leer esto, pero van a enviar a sus pequeños al jardín.